Algar Editorial

Luis Illueca: «La escuela tiene que formar alumnos competentes, no competitivos»

24 d'abril de 2020

Luis Illueca empezó a trabajar como profesor de primaria y secundaria en 1983. Actualmente da clases en la universidad destinadas a futuros maestros de infantil y primaria. En los últimos seis años, ha compaginado esta actividad con la de formador de equipos docentes de centros educativos de todo tipo. Además, ha participado en diferentes congresos como ponente y realiza intervenciones en diversos actos formativos, trabajando con equipos directivos, editoriales, especialistas de los servicios pedagógicos educativos, centros de formación de profesorado (CEFIRE) y también con la inspección educativa.

Como responsable de formación en LivEducación, Lluis Illueca imparte formación a equipos docentes de centros de infantil, primaria, secundaria, formación profesional y universitaria dando a conocer una nueva forma de interactuar con el alumnado: el aprendizaje cooperativo. Se trata de una metodología que propone un nuevo papel para el profesor dentro del aula, ajustada a los diferentes ritmos de aprendizaje de los alumnos, y garantizando una mejora sustancial en su rendimiento.
Sin embargo, primero hay que remarcar la distinción entre colaborar y cooperar. Como explica Illueca, cuando decimos que alguien colabora en un periódico nos referimos a una persona que no trabaja codo con codo con el equipo periodístico, sino que simplemente elabora escritos que pueden ser de interés para el lector, sin formar parte de la plantilla. No obstante, la producción de un artículo por parte de un equipo de personas dedicadas a esta tarea, donde se reparte el trabajo y se coordinan los esfuerzos, sí que sería cooperación. En este caso, el resultado estará íntimamente ligado a la forma de trabajo y requerirá la participación coordinada de todos sus miembros.

«El profesor actúa como guía en el proceso de aprendizaje de los equipos, del alumnado y de la clase».

 

Formar alumnado competente, no competitivo

 

El aprendizaje cooperativo es una metodología enfocada en este último sentido que plantea un cambio profundo en la manera de tratar al alumnado y una forma de intervenir en el aula. Se trata, en palabras de Illueca, de una adaptación total a las nuevas necesidades que plantea tanto el alumnado como la sociedad. Añade, además, que la escuela tiene que formar alumnos competentes, no competitivos, ya que la sociedad y el mercado laboral demandan individuos que sepan trabajar en equipo, que tengan competencia lingüística para comunicarse adecuadamente y que sean creativos.
Además, cualquier docente puede aplicar esta metodología en sus clases. Para hacerlo, solo tiene que aprender a aprender. Y, precisamente, esta es la tarea que está desarrollando Luis Illueca en los últimos años, mostrando al profesorado cómo aplicar el aprendizaje cooperativo en el aula y cómo profundizar en la forma de intervenir.
Como comenta el formador, el aprendizaje tradicional obliga al alumno a ser un simple observador del proceso de enseñanza. Solo participa como receptor de información. La experimentación (qué aprende, cómo, con quién…) está reservada a momentos muy puntuales. De esta manera, el aprendizaje se hace en solitario y el alumnado trabaja para conseguir metas personales. El aprendizaje cooperativo, en cambio, se basa en la participación de grupos heterogéneos y en la posibilidad de desarrollar actividades comunicativas y sociales (respetar los turnos de palabra, escuchar, atender, argumentar, dejarse ayudar…). Así se refuerza el sentimiento de quipo y se establecen vínculos afectivos, mejorando la productividad en el aula y, sobre todo, la implicación de los alumnos y las alumnas.

«No todos somos iguales, no todos aprendemos de la misma manera, pero sí que aprendemos mucho más y mejor en compañía, las ideas son mejores y más productivas cuando podemos compartirlas».

 

Aprendizaje por proyectos

 

En esta metodología, el perfil del docente tiene que ser activo, pero abandona el papel de «fuente de información» tradicional. Así, como apunta Illueca, el profesor actúa como guía en el proceso de aprendizaje del alumnado: tiene que revisar la actividad de los grupos de trabajo, modelar conductas si hay necesidad, comprobar la interdependencia que se establece en los grupos para alcanzar los objetivos designados…
Cabe recordar que no todos somos iguales ni aprendemos de la misma manera. Sin embargo, como explica él mismo, «sí que aprendemos mucho más y mejor en compañía. Las ideas son mejores y más productivas cuando podemos compartirlas». El aprendizaje cooperativo apuesta por la enseñanza por proyectos, es decir, por permitir al alumnado desarrollar su potencial de manera más natural, ya que dividir los conocimientos en asignaturas y separarlas no es más que un invento, un intento de acercar a los alumnos más cómodamente las diferentes facetas del conocimiento.
Precisamente por el hecho de que el aprendizaje por proyectos requiere trabajo en equipos no hay mejor fórmula para introducir el aprendizaje cooperativo. Así se consigue dotarlo de las fórmulas de trabajo adecuadas. La idea principal es hacer comprender a los alumnos que cada uno tiene unas limitaciones, que los objetivos personales tienen que permitir que cada uno de nosotros sea cada vez mejor persona y, sobre todo, que los resultados del equipo son siempre mejores que los individuales.

«Los resultados del equipo siempre son mejores que los individuales».

 

El funcionamiento de los grupos

 

Por otro lado, cohesionar este tipo de equipos puede ser más sencillo de lo que parece. En el aprendizaje cooperativo se ponen en marcha muchas estrategias dirigidas a garantizar que los alumnos y las alumnas no dediquen su esfuerzo a cosas innecesarias y concentren su atención. Según Illueca, los alumnos cohesionan con el tiempo y son capaces de mejorar porque aprenden de los errores, de los cuales sus compañeros no se burlan, sino que identifican como algo natural y necesario en el proceso de aprendizaje.
No obstante, para que todo funcione adecuadamente, insiste en que el docente necesita formación para poder identificar correctamente las señales que el alumnado emite continuamente para poder ayudarlo y mejorar constantemente. De hecho, la evaluación es uno de los componentes esenciales de este método, y se anima al profesorado a fomentar la autoevaluación como requisito imprescindible para el crecimiento personal. En estos casos, no solo se utiliza la observación, sino también elementos valiosos como las rúbricas, las dianas, los portfolios… haciendo partícipe al alumnado de su uso.
De hecho, uno de los efectos de la aplicación de esta metodología es, precisamente, el fomento de la participación igualitaria entre el alumnado. Como explica Illueca, si permitimos que el alumnado intervenga en los grupos de forma ordenada y hablen entre ellos, argumentando los procedimientos y explicando cómo resolver ejercicios o problemas, si dejamos que se produzcan este tipo de intervenciones, todos, de una manera u otra, están participando de su aprendizaje, unos porque ayudan a otros a reafirmar conceptos y mejorar su competencia, y otros dejándose ayudar y concentrándose en la escucha activa.
Así se garantiza fácilmente que todos los alumnos están implicados en la tarea y que no se producen distorsiones graves. El mismo sistema es el que genera motivación e implicación y, en la mayoría de ocasiones, no requiere la intervención del profesorado para garantizar un clima adecuado. El simple hecho de que los grupos estén trabajando de forma independiente mejora la posibilidad de intervención del docente, pudiendo actuar de forma puntual sobre aquellos alumnos que lo requieran.

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