Algar Editorial

Técnicas para trabajar la educación emocional en la clase de Primaria

23 de febrero de 2020

Gracias a la aportación de especialistas en psicología y pedagogía de la talla de Howard Gardner, creador de la teoría sobre inteligencias múltiples, o Daniel Goldman, a quien debemos el desarrollo del concepto de inteligencia emocional, en las últimas décadas los contenidos curriculares de los estudios de primaria han ido abandonando su excesiva rigidez, abriéndose a ámbitos como la adecuada gestión de los sentimientos y las emociones.

Poco a poco, ha ido calando entre responsables educativos y maestros la necesidad de incluir la educación emocional como una cuestión fundamental para lograr el desarrollo integral de las personas, ayudarles a controlar y trabajar su emociones y, en definitiva, capacitar para la vida a los niños y niñas.

La inteligencia emocional es, por consiguiente, un campo que va más allá de los conocimientos clásicos, como matemáticas o lengua. Se trata de un aprendizaje enfocado en la toma de conciencia de las propias emociones y las de los demás, desarrollando una actitud empática que nos ayude a todos a ponernos en el lugar de nuestros semejantes, comprendiendo mejor sus necesidades e inquietudes.

Principales bases para trabajar la educación emocional

Desde el rol de profesores o maestros, trabajar con eficacia las emociones en el aula requiere tener muy bien definidos los objetivos que queremos lograr, los cuales pueden y deben variar en función de las necesidades que vayan surgiendo, tanto en el conjunto de la clase, como a nivel individual.

No obstante, existen una serie de metas y objetivos comunes y perfectamente válidos en el ámbito de la educación emocional, que el equipo docente no puede perder de vista:

  • Enseñar a los alumnos a adquirir un mejor conocimiento de las propias emociones.
  • Desarrollar habilidades y herramientas para controlar y regular las emociones propias.
  • Aprender a identificar las emociones de los demás.
  • Adoptar una actitud empática.
  • Aprender a generar emociones positivas.
  • Desarrollar competencia emocionales y aprender a automotivarse.

Juegos y herramientas: dos herramientas básicas de la educación emocional

Los profesores de primaria cuentan con dos tipos de instrumentos y herramientas muy útiles y eficaces para enseñar y practicar inteligencia emocional: los juegos y las lecturas.

El juego como elemento de desarrollo de inteligencia emocional

A través del juego es posible enseñar todo tipo de conceptos a los niños, tanto teóricos como prácticos, sin que por ello dejen de divertirse y sin que tengan la sensación de estar recibiendo la clásica lección. La educación emocional, al tratarse de un campo que exige la interacción constante con demás, encuentra en los juegos su ecosistema de desarrollo ideal.

Estos son dos ejemplos de juegos de educación emocional, dentro de las muchas opciones posibles, para practicar en el aula:

  • Diccionario de las emociones. Se usan cartulinas donde los alumnos escriben en letras grandes lo que sienten y hacen dibujos inspirados en dichos sentimientos. Se trata de un juego sencillo y eficaz para que los niños y niñas aprendan a exteriorizar sentimientos profundos.

  • Tarro de las buenas noticias. Cada vez que ocurre una buen noticia o algo que celebrar en la clase (cumpleaños, nacimiento de un hermano, logros personales…) se escribe en un papel y se introduce en un tarro. El objetivo es potenciar el optimismo y el positivismo.

 

Lecturas: un marco seguro de entrenamiento personal

Las lecturas en general y muy especialmente los cuentos son ideales para trabajarlos en grupo y, siempre con una distancia de seguridad, entrenar las emociones, vivir todo tipo de experiencias y ejercitar el autoconocimiento, la autoconciencia y, en definitiva, promover el desarrollo integral de la persona.

Cuentos que emocionan y cuentos de emociones

En lo que respecta a los cuentos y su uso en la educación emocional, podemos distinguir entre dos tipos: las obras con contenidos que logran emocionar y los cuentos centrados temáticamente en las propias emociones. Los responsables educativos y maestros pueden decidir el tipo de cuento que más les conviene utilizar en función de los conceptos que quieran enseñar en cada momento.

  • Los cuentos que emocionan son aquellos cuya principal objetivo es divertir, sorprender y enganchar a los pequeños lectores con una historia que, al mismo tiempo, les sirve también para que crecer emocional y socialmente.
  • Los cuentos de emociones, aunque también deben ser amenos, se caracterizan por tener un tema central enfocado claramente en la gestión de la emociones, en la aceptación de los sentimientos propios y de los demás. Son historias con trasfondo que tratan de desarrollar la inteligencia emocional en sus distintas facetas.

Nuestras recomendaciones: cuentos para trabajar la educación emocional

 

 

A continuación, os recomendamos 5 libros de Editorial Algar especialmente indicados para atender la educación emocional en el aula. Son cuentos ilustrados que tratan temas complejos como la discapacidad, las diferencia o la identidad sexual, siempre de una forma comprensible y amena, promoviendo valores como la tolerancia, la compresión y el respeto.

  1. El abrazo, de Eoin McLaughlin
  2. Superniños, de Anya Damirón
  3. La niña huracán y el niño esponja, de Ilan Brenman
  4. Tuntún, de Anya Damirón
  5. Ahora me llamo Luisa, de Jessica Walton

La realidad educativa del aula exige a los maestros dar respuestas efectivas a los conflictos emocionales de los alumnos, desde una perspectiva individual y de grupo. Por este motivo, es fundamental trabajar la inteligencia emocional de un modo transversal durante todo el curso escolar, incorporando diversas técnicas y métodos relacionados con la educación emocional: talleres, actividades dinámicas, técnicas de relajación, mindfulness, etc.

 

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