Algar Editorial

Deberes: ¿sí o no?

21 de mayo de 2021

El curso escolar 2020 / 2021 encara su recta final. Un curso en el que, pese a la pandemia, han aflorado de nuevo los debates de siempre. Una de las principales polémicas que surge cada curso es la que trata sobre los deberes de los niños y niñas. La decisión de posicionarse a favor o en contra de los deberes sigue siendo, en muchos casos, personal de cada docente, y entre las familias también existe disparidad de opiniones.

¿Mayor tiempo dedicado a los deberes significa mejor rendimiento académico? ¿Qué tipo de deberes debe hacer el alumnado? ¿Son realmente útiles los deberes? Estas son las preguntas que nutren el debate, y son muchos los estudios, tanto nacionales como internacionales, que tratan de darles respuesta.

Los deberes escolares. Un análisis sistematizado con especial referencia al caso español (2020), de Rafael Feito Alonso, es uno de los más recientes. Según este estudio, España es uno de los países en los que el alumnado dedica más tiempo a los deberes y es, junto con Italia, Rusia, Malta y Rumania, la nación en la que existe un mayor porcentaje de alumnos que dedica más de sesenta minutos diarios a hacer deberes.

Sin embargo, España obtiene, comparativamente, bajos resultados académicos, como también pasa con los otros países que dedican mucho tiempo a las tareas escolares en casa. No obstante, el texto también destaca que, cuando se trabaja con los datos de cada país a nivel individual, «los estudiantes que más tiempo dedican a las tareas son los que obtienen mejores resultados».

a favor y en contra de los deberes 

Dicho estudio hace referencia al investigador más reconocido en la materia, cuya investigación tiene ya más de diez años. Se trata de Cooper (2007), quien «es universalmente conocido por la regla de los diez minutos». Esta norma establece que el alumnado de primer curso de primaria no debería emplear más de 10 minutos al día en hacer deberes, y solo de lunes a jueves. En cada curso escolar, se debería sumar 10 minutos más, hasta llegar a un máximo de dos horas en secundaria, pues, según el investigador, emplear más de 120 minutos en hacer deberes no es útil.

A favor y en contra de los deberes

«El tema de la conveniencia o no de poner deberes al alumnado ha generado mucho revuelo en los últimos años», asegura Xavier Mínguez, profesor del departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura de la Universitat de València. El también escritor y periodista explica que poner deberes «forma parte de una tradición muy arraigada» en nuestra cultura, pero que, por otro lado, «afecta a la vida cotidiana de las familias». Además, certifica, como hemos visto más arriba, que «la investigación no es concluyente» sobre el efecto que tiene el hacer deberes sobre el rendimiento escolar.

«Entre las investigaciones más destacadas, la conclusión más o menos común es que los deberes ayudan a mejorar el rendimiento académico y a crear hábitos de estudio. Sin embargo, estos beneficios se circunscriben a los deberes personalizados». Se refiere Mínguez a aquellas tareas que tienen en cuenta las características de cada alumno y alumna, y, sobre todo, insiste en que «los deberes no deben sustituir a las clases». De hecho, asegura que «practicar por practicar no mejora sustancialmente el rendimiento» y que «los deberes sin planificar, solamente para que el alumnado trabaje en casa, no tienen sentido».

Otro aspecto sobre el que incide el profesor es en la necesidad de retroalimentación con respecto a los deberes. «No corregir las tareas no solo no tiene incidencia alguna en la trayectoria del alumnado, sino que, además, provoca frustración».

Hacer deberes: una tarea familiar

Otro de los aspectos a tener en cuenta es cómo afecta el hacer deberes a la vida de las familias. Mínguez apunta que «el alumnado que no cuenta con apoyo en casa está en clara desventaja respecto a sus compañeros y compañeras que sí lo tienen». Esto, según el profesor, aumenta la brecha entre la población más vulnerable y la menos vulnerable.

Sobre la vida en familia, destaca que las tareas escolares impiden frecuentemente que las familias realicen actividades de ocio que, en muchos casos, también son educativas, «por lo que no es nada extraño que los padres y madres terminen haciendo los deberes ante la angustia de sus hijos, lo cual, obviamente, no tiene sentido».

En esta línea, lamenta que «no es infrecuente ver a jóvenes y niños que pasan todo su tiempo libre, después de salir del colegio o el instituto, realizando tareas escolares. Eso repercute negativamente en su socialización, así como en su tiempo de descanso, dos factores que la escuela no debería descuidar».

En definitiva, Mínguez concluye que «poner deberes no es en sí negativo, pero sí lo es poner deberes de forma automatizada, sin personalizar y sin calcular el tiempo de estudio que se añade a las cinco o seis horas que el alumnado ya le dedica en clase».

¿Cómo deben ser los deberes de los niños y las niñas?

Rafael Feito lamenta que no se disponga de ninguna investigación que analice en qué consisten los deberes. Pero considera que se puede «aventurar» que los deberes actuales «están conectados con el modo en el que se enseña y con los contenidos curriculares». Por ello, concluye que «lo que prima es el aprendizaje mecánico y repetitivo». Según su opinión, lo que debería preocupar a las familias y al cuerpo docente es «la calidad de los deberes».

Deberes 

Por ello, plantea diferentes alternativas propuestas por expertos, como por ejemplo cambiar el hacer deberes por «tiempos de trabajo en casa». Estos tiempos podrían dedicarse a la realización, además de algunas de las prácticas que tradicionalmente se consideran deberes, de actividades como leer libros de todo tipo, artículos de revistas o periódicos, o ver vídeos didácticos, entre otras.

Además, propone como alternativa el uso del método de la ‘clase invertida’, que consiste en que el alumnado aprenda el contenido de cada lección o tema mediante un vídeo seleccionado o preparado por el propio docente, que se visualizaría fuera del horario lectivo. Así, la siguiente sesión serviría para aclarar los contenidos a partir de las dudas o sugerencias planteadas por el alumnado.

Mínguez también da unas pautas sobre cómo hacer que los deberes sean más beneficiosos. Propone iniciativas como repartir los días de deberes entre las diferentes asignaturas para que no se acumulen, programas de tutorización entre el alumnado para compensar las carencias que se puedan encontrar en algunos hogares o limitar los deberes a tareas que no se puedan llevar a cabo en el aula, como investigaciones o proyectos. En cualquier caso, insiste, «hay una pregunta que debería realizarse todo y toda docente antes de mandar deberes: ¿es realmente necesario?».

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