La vuelta al cole marca una transición importante para los alumnos. Para los docentes, es la oportunidad de crear un ambiente de aprendizaje que facilite el éxito académico y priorice el bienestar emocional. Este decálogo ofrece diez puntos clave, basados en la psicología educativa, para facilitar una reincorporación saludable y significativa a las aulas.
1. Prioriza la calma antes que el contenido.
Sabemos que en momentos de estrés, el cerebro de los estudiantes reduce la capacidad de procesar información compleja. Evita un ritmo académico elevado en los primeros días para no generar ansiedad por el rendimiento ni provocar un bloqueo en los alumnos.
¿Cómo puedes hacer esto posible?
Repasa conceptos clave del año anterior con un Kahoot!, incorpora sesiones de conversación sobre temas de verano, explica a los alumnos qué van a aprender este curso y dales a entender que lo que les espera es una oportunidad que les será muy útil.
2. Establece rutinas predecibles.
Una estructura de clase clara y constante desde el primer día reduce la incertidumbre. La predictibilidad actúa como un factor protector, disminuyendo los niveles de cortisol (la hormona del estrés) y aumentando la sensación de seguridad.
Una manera de hacerlo es empezar cada día con el mismo ritual: un saludo, el repaso de la agenda y un momento de charla y conexión con los alumnos antes de empezar con el temario.
3. Opta por la evaluación formativa inicial.
Inicia el curso con actividades diagnósticas de carácter lúdico o proyectos colaborativos. Esta evaluación sin presión permite identificar el nivel de los alumnos sin que experimenten el sentimiento de fracaso que pueden percibir en las evaluaciones tradicionales.
Entre las miles de posibilidades que existen, se pueden hacer actividades diagnósticas como la escritura de textos relacionados con el verano, el deporte... para evaluar las habilidades de escritura.
4. Integra ejercicios de respiración para mejorar la atención.
Antes de empezar las clases, dedica unos minutos a hacer ejercicios de respiración o de concentración. Esta práctica mejora la regulación emocional, la concentración y el enfoque de los alumnos en lo que van a hacer en clase.
Una práctica habitual de iniciación en las respiraciones controladas consiste en la técnica 4-4 o cuadrada. Solo tendrás que cerrar los ojos, inspirar lentamente contando hasta cuatro segundos, mantener el aire cuatro segundos y expirar lentamente unos últimos cuatro segundos. ¡Con solo cinco repeticiones de esta respiración guiada ya puedes mejorar la concentración de tus alumnos!

5. Fomenta la práctica del diario de gratitud.
Anima a los estudiantes a escribir breves reflexiones sobre sus emociones o sobre cosas positivas del día. Esta práctica, basada en la psicología positiva, ayuda a reorientar el foco desde lo negativo hacia lo constructivo. Puedes animarlos a escribir una cosa positiva del día o explicar qué han aprendido.
6. Reconstruye los lazos sociales.
Ayuda a los alumnos a reconectarse con sus compañeros y contigo. Utiliza juegos o actividades de grupo que fomenten la empatía y la colaboración. Estas actividades refuerzan la pertenencia al grupo y crean un sentimiento de comunidad.
Para que los alumnos puedan construir sus relaciones, los juegos de mesa son una gran ayuda. Muestran a los alumnos la necesidad de seguir unas normas para que todo funcione perfectamente y les dan la posibilidad de estar concentrados.
7. Fomenta el acompañamiento individualizado.
En lugar de preguntar a todos a la vez, establece espacios para una conversación personal y fluida. Esta práctica refuerza la relación docente-alumno y transmite un mensaje claro de interés genuino. Entre las posibilidades que existen, puedes dedicar cinco minutos al día a hablar con uno o dos alumnos mientras el resto trabaja.
8. Valida sus emociones.
Legitimar las emociones de los alumnos sin juzgarlas es clave. Frases como «Es normal que te sientas cansado/a» o «Me alegra que compartas esto conmigo» reducen la autocensura y crean un espacio de confianza donde el alumno puede ver que es escuchado y protegido.
9. Promueve el trabajo cooperativo.
Organizar la clase en grupos para resolver problemas o hacer proyectos fomenta las habilidades sociales y la regulación emocional grupal, ya que los propios estudiantes se apoyan mutuamente.
Una buena idea es que diseñen un plan básico de gestión de residuos en la clase para que entiendan cómo funciona el sistema de reciclaje.
10. Refuerza la resiliencia.
Da herramientas a los alumnos para gestionar sus emociones y superar con facilidad las adversidades que se puedan presentar. La reestructuración cognitiva, una técnica basada en identificar, cuestionar y modificar pensamientos negativos, irracionales o distorsionados, puede ser interesante para reducir el estrés de los alumnos.
¿Cómo funciona la reestructuración cognitiva?
Detectar el pensamiento automático: identificar qué piensas cuando te sientes mal (ej.: «seguro que fracasaré»).
Analizarlo: ver si ese pensamiento es objetivo, exagerado o distorsionado.
Cuestionarlo: preguntarse: «¿Qué pruebas tengo de que esto es cierto? ¿Hay otra explicación posible?».
Sustituirlo por un pensamiento más realista: no se trata de pensar «en positivo» de manera ingenua, sino de adoptar una perspectiva más equilibrada (ej.: «he estudiado, tal vez no sea perfecto, pero tengo opciones de hacerlo bien»).
Este decálogo no es una lista cerrada, sino una invitación a la reflexión y a la acción. Entender y aplicar estas estrategias de reincorporación emocional y académica es fundamental para construir una escuela que no solo transmita conocimiento, sino que también sea un espacio de seguridad, crecimiento y bienestar para todos sus miembros. Fortalecer la salud mental de los alumnos es una tarea que nos implica a todos, y como docentes, somos figuras clave en este proceso.