El segundo trimestre llega con una paradoja conocida por todo el profesorado: empezamos enero con propósitos renovados y lo terminamos con la sensación de que el calendario avanza más rápido que nuestra energía. Ya no estamos en el caos del inicio de curso, pero tampoco se vislumbran aún las vacaciones largas. Es una etapa de fondo, menos épica, pero igual de exigente, en la que mantener el equilibrio se convierte en el verdadero reto profesional.
Afrontar el segundo trimestre con éxito no depende de hacer más, sino de hacerlo mejor, con criterio y cuidando el ritmo para no llegar exhaustos a la recta final del curso.
En este punto del curso, el cansancio suele venir de la acumulación. Programaciones, evaluaciones, reuniones y proyectos se solapan, y la sensación de ir siempre “un poco tarde” puede hacerse habitual. La clave ya no es planificar desde cero, sino ajustar y simplificar.
Revisa qué rutinas funcionan y cuáles solo ocupan tiempo. Consolidar estructuras estables en el aula —entradas, cierres, dinámicas de trabajo— reduce la carga mental diaria y libera energía para lo verdaderamente pedagógico. El segundo trimestre no es para grandes revoluciones, sino para afinar lo que ya está en marcha.
Tras la primera evaluación, es fácil caer en la inercia de repetir esquemas. Sin embargo, el segundo trimestre es ideal para dar sentido a la evaluación y convertirla en una herramienta de seguimiento real del aprendizaje.
Evaluar menos tareas, pero mejor pensadas, no reduce la exigencia: la hace más eficaz y sostenible.

Si en septiembre sembramos normas y en diciembre resistimos el cansancio, en el segundo trimestre toca cuidar el clima emocional del grupo. Aparecen la desmotivación, los pequeños conflictos y la fatiga acumulada, tanto en el alumnado como en el profesorado.
Introducir momentos de pausa consciente, dinámicas breves de cohesión o espacios de conversación ayuda a prevenir tensiones mayores. A veces, una sesión menos ambiciosa en contenidos y más centrada en el grupo mejora el rendimiento de toda la semana.
No es el momento de sobrecargarse con materiales nuevos si no es necesario. Apostar por recursos didácticos fiables y bien estructurados, como planes lectores, secuencias ya contrastadas o guías docentes, permite mantener la calidad sin agotar la creatividad.
Delegar en buenos materiales no es rendirse: es una decisión profesional inteligente que protege tu energía y tu tiempo.
El segundo trimestre es largo y no tiene grandes recompensas inmediatas. Por eso, el autocuidado aquí no es un extra, sino una estrategia de resistencia profesional. Dormir bien, poner límites al trabajo fuera del centro y reservar pequeños espacios de desconexión marcan la diferencia entre llegar a marzo cansados o completamente agotados.
No hace falta grandes cambios: basta con sostener hábitos que te permitan llegar con dignidad —y entusiasmo— a la recta final del curso.
Afrontar el segundo trimestre es aprender a mantenerse en pie sin correr, recordando que la constancia también es una forma de excelencia docente. Porque cuidar de cómo enseñamos empieza, inevitablemente, por cuidar de cómo estamos.