La novela Cristales de plata, de Antonio J. Ruiz Munuera, ha sido seleccionada como una de las obras finalistas del Premio Hache 2027, un reconocimiento que forma parte del Proyecto Mandarache y que cuenta con un jurado compuesto por miles de lectores adolescentes.
Publicada en 2025, la obra traslada al lector hasta Mathare, un barrio de Nairobi marcado por la desigualdad, y narra la historia de Kibwe, un joven que descubre en la fotografía una forma de entender su entorno y construir un futuro distinto. Con motivo de esta nominación, hablamos con el autor sobre el origen del libro, su mensaje y lo que supone este reconocimiento.
«Cristales de plata» está inspirada en hechos reales. ¿Cómo conociste esta historia y qué te impulsó a convertirla en novela?
Leía un periódico cuando vi una pequeña noticia sobre un fotógrafo de Nairobi. Una sola persona que había puesto en marcha un proyecto para los niños de Mathare, un barrio muy desfavorecido donde viven miles de personas en condiciones muy duras. A través de la fotografía, ofreció a los niños de ese lugar una forma de encontrar la belleza en los sitios más insospechados. A la vez, una ventana para mirar fuera, de conocer otros mundos que desconocían. Me pareció una historia muy hermosa, que había que contar.
La novela aborda realidades sociales complejas, pero desde una mirada esperanzadora. ¿Era importante para ti encontrar ese equilibrio?
En mi opinión, un novelista debe ser testigo de su entorno. Pero no solo del nuestro -el de unas ciudades con todos los lujos y comodidades imaginables- sino del otro mundo. Ese donde las personas viven en chabolas, donde han de buscarse la vida cada día para tener algo que comer. Sorprendentemente, en esos lugares tan desfavorecidos las personas siguen mostrando, contra toda lógica, una sonrisa permanente ante las adversidades. «Cristales de plata» intenta reflejar eso: las ganas de vivir. La esperanza de un mundo mejor.
¿Cuál crees que es el mensaje principal que te gustaría que los lectores de 12 a 14 años se llevaran del libro?
En la novela planea una idea fundamental. Lo sepamos o no, los humanos de este planeta estamos conectados, aunque a veces creamos vivir en nuestra burbuja de bienestar. Que todos podemos hacer algo por mejorar nuestro mundo. Empezando por aprender a “mirar a nuestro alrededor con otros ojos”. Ese es el primer paso: tomar conciencia, para caminar después en la dirección correcta.
¿Qué ha supuesto para ti ser finalista del Premio Hache 2027?
Una de las mayores ilusiones que me han llegado como escritor. El Hache es una puerta al universo de los lectores adolescentes. Una iniciativa maravillosa, única en España. Para mí, participar en ella es todo un sueño.
Este premio lo decide un jurado juvenil. ¿Cambia eso la manera en que valoras este reconocimiento?
Lo cambia por completo. He disfrutado de otros premios de literatura, con diferentes novelas. Por una vez, valorarán mi obra los auténticos protagonistas. Aquellos con el mayor criterio, a quienes va dedicado el texto. Esta oportunidad de ser valorado por los lectores (miles de ellos) me ha recordado una de mis películas favoritas, Big, de Tom Hanks. Una historia donde contratan a un niño para probar los juguetes de una famosa tienda de Nueva York. Él, y no los adultos, es el auténtico especialista. Como los lectores del Premio Hache.
¿Tienes ganas de encontrarte con los lectores durante las actividades del proyecto Mandarache? ¿Qué esperas de esos encuentros?
Por lo que sé de esos encuentros, son una auténtica fiesta de la literatura. Como profesor de secundaria, conozco el perfil de ese tipo de alumnado. Son el motor de los centros. Ellos son quienes dinamizan los institutos, los que impregnan de energía a todos sus compañeros. Su ilusión es tan admirable como contagiosa. Estoy deseando conocerlos y poder compartir sus impresiones sobre «Cristales de plata». Saber qué han sentido al conocer las vidas de sus personajes, Kibwe, Fatu y Rafiki.
¿Crees que la literatura juvenil puede ayudar realmente a cambiar la forma en que los jóvenes ven el mundo?
La literatura, sea en jóvenes o adultos, siempre nos ayudará a ver nuestro entorno de otra forma. Leer es vivir la vida a cámara lenta. Como viajar en bicicleta, impregnándote de todo lo que te rodea. Serán las mentes abiertas las que cambien el mundo. Y leer les ayudará a conseguirlo.
¿Qué le dirías a un joven que todavía no se ha animado a leer el libro?
Que entre su páginas encontrará una razón para avanzar hacia delante; cuando, en esos momentos de bajón que todos sufrimos alguna vez, recuerde que siempre hay cosas hermosas por las que luchar. Que la vida, con todos sus contratiempos, es muy bonita. De eso habla «Cristales de plata».